
La pasada semana me invitaron a una tertulia radiofónica con Vicente Montes, abogado especializado en deporte y letrado de muchos clubes de fútbol de alto nivel y mediador de traspasos muy importantes.
Estuvo muy entretenida, salieron multiples anecdotas y se tocaron muchos temas referentes al deporte profesional, entre ellos el poder de la prensa y la creciente influencia de la participación y opinión de los aficionados en el día a día de los clubes, más allá de vivir el acontecimiento deportivo en la grada o en la barra del bar. Es muy interesante ver como los grandes foros de aficionados al baloncesto (en España, el Foro ACB.COM) han servido para unir gustos, como enciclopedia de artículos especializados, para informarse de cualquier aspecto relacionado con retransmisiones y hacer amistades (que no es moco de pavo).
Entre los Foros y la participación anónima claramente hay un abismo. Ayer, tarde de domingo perra, fría y horizontal, leyendo periódicos, me encontré con un artículo que viene “ad hoc” al tema, lo escribía la defensora del lector de El País, lo titulaba: “Comentarios poco edificantes”, dejo el enlace, es un artículo largo del que destaco los siguientes párrafos con los que estoy rotundamente de acuerdo:
“…Hay que tener en cuenta que esta forma de participación atrae a un tipo de opositores ideológicos muy beligerantes, cuyo único propósito es provocar a los lectores afines a la línea editorial del diario. Si el modelo de participación es muy abierto, resulta difícil evitar que agitadores e intoxicadores de todo tipo (los llamados trolls) se apoderen del espacio y acaben marcando el tono de la conversación…”
“…Por otra parte, el anonimato con el que se protegen la mayoría de quienes intervienen facilita un clima de impunidad propicio a los excesos. El anonimato permite también multiplicar el eco de las voces más fanáticas. Una misma persona puede entrar con diferentes seudónimos y un pequeño grupo organizado puede inducir la falsa impresión de que una determinada posición es ampliamente compartida…”
“…Otro instrumento de mejora sería restringir el anonimato. Exigir la identificación real a todos los comentaristas probablemente reduciría mucho la participación, pero existen fórmulas intermedias, como la obligación de registrarse con la identidad real para poder tener acceso a la conversación, aunque luego el comentario pudiera aparecer firmado con seudónimo. En todo caso, el tono de los comentarios afecta también a la imagen de EL PAÍS y la incomodidad que genera justifica, creo yo, que el sistema sea revisado…”
Efectivamente, este es un tema que personalmente lo he sufrido en mis carnes y por eso escribo sobre ello. Este artículo certifica un mal de muchos que no me consuela pero que pone el dedo en la llaga sobrepasando las fronteras locales. Los medios suelen añadir la sorprendente coletilla de que no se hacen responsables de las opiniones vertidas (por nadie identificado), es decir, que de lo que se haga en mi casa, no soy responsable aunque encubra al malhechor .
Se está convirtiendo en una heroicidad exponerse a la opinión pública y decir lo que se piensa libre y responsablemente. No es sólo una cuestión de número de visitas o de anunciantes, sino de libertades.
Lo dicho, suscribo lo copiado del artículo de El País .La figura del Ombudsman en muchos paises y en este diario, sé que goza de prestigio y atención, en este tema, la recomendación a modo de veredicto es clara:
“ En todo caso, el tono de los comentarios afecta también a la imagen de EL PAÍS y la incomodidad que genera justifica, creo yo, que el sistema sea revisado”
Me congratulo.








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